«Eighth Grade», una buena segunda parte

La adolescencia es cuando las niñas experimentan la presión social para dejar de lado su yo auténtico, y mostrar solo una pequeña porción de sus dones.

Mary Pipher

No. No busquéis la primera parte en ningún sitio. Sin embargo, cuando veáis esta pequeña joya del cine independiente, seguro que llegáis a la conclusión de que esta película ya la habéis visto antes. Luego os cuento dónde. 

Llegué a este film a través del falso epígrafe de Comedia dramática. Lo cierto es que no le he encontrado la más mínima intención de hacer gracia, a menos que seas algún tipo de perverso ser de mente vacía que encuentra la felicidad en las incomodidades que sufre una niña de 13 años, aislada socialmente, con necesidad de reconocimiento, a la que el entorno no le da un respiro porque tiene que ser ella la que salga de su capullo, y eso es muy complicado cuando no tienes un lugar donde agarrarte.

Pero vamos con el argumento. Kayla (una incomensurable Elsie Fisher) es una chica de 13 años que está a punto de acabar el 8º Grado y pasar al instituto. Es una chica insegura de su aspecto, víctima de ansiedad por encajar, una tensión que vemos transpirar en cada escena, de confianza frágil, que vive sola con su padre, que graba un videoblog sobre actitudes ante la vida con la seguridad de que prácticamente nadie los ve, que no tiene amigos ni amigas, que vive su vida a través de las redes sociales como Instagram o Snapchat, pues en ellas puede crearse un mundo en el que ella puede tener cabida. A falta de una semana para graduarse, la madre de la chica popular de clase la invita a la fiesta de inauguración de su piscina, donde estarán todas esas personas con las que no se atreve a relacionarse, incluido Aiden, el chico que le gusta. Decidida a seguir sus propios consejos, sale de su zona de confort y asiste a la fiesta.

Hasta aquí nada nuevo bajo el sol. Kayla quiere salir del agujero, pero sus inseguridades provocan al espectador -al menos me pasó a mí- una congoja continua, la necesidad de decirle: «Hey, chica, no hagas eso. No merece la pena.» Y aquí es donde enlaza directamente con un director y una película míticas para mí… que luego contaré. A través de los ojos -y la pantalla del móvil- de Kayla veremos como es el mundo para una adolescente, que teme dar ese paso, y se tiene que enfrentar a situaciones humillantes. Asistiremos a su bautismo social en la piscina, donde es ridiculizada por no llevar un regalo guay («The coolest girl» era el título alternativo para esta película); a su burdo intento de conquistar al chico que le gusta (un niño cretino que la cámara de Bo Burnham muestra tal y como es, y no como Kayla cree que es), y la sonrojante escena de buscar como hacer una felación en youtube, tras enterarse de que a ese chico, Aiden, un niñato de 13 años, le gusta que sus novias le manden fotos desnudas y «le hagan mamadas». Pero no hay que sorprenderse, pues en todo momento el tono de la película nos muestra la realidad a través de un filtro infantil, el de la edad real de los personajes y actores.

Y todo evoluciona hasta llegar al clímax de la película, cuando se hace amiga de una chica del instituto y queda con ella y sus amigos de 17 años en un centro comercial. Allí nos encontraremos con lugares y escenas comunes a las comedias adolescentes, pero sigue sin hacernos gracia, porque no es esa la intención de la película. Por eso, cuando llegamos a la escena de «Verdad o reto», el corazón comienza a decir: «No, por favor, no.» ya que en ese instante Kayla es nuestra hija, o nuestra amiga de la infancia, y no queremos que le pase nada malo o que ella no desee.

Afortunadamente la adolescencia es otro salto al vacío que hay que dar, tal como le cuenta a su yo del futuro en un videoblog que enterrará en una cápsula del tiempo. Y por eso dejamos de preocuparnos por ella, porque sabemos que, al final, todo va a salir bien.

Y para los que todavía sigan interesados en saber de qué película hablaba como referente (y me ha parecido extraño no verlo comentado en ningún medio), es «Bienvenido a la casa de muñecas», del siempre incómodo Todd Solondz del año 1995. No es sólo la fotografía, es la relación de la chica protagonista con el mundo, que la culpa de no ser perfecta o no seguir las reglas (aunque ella está deseando formar parte de él). Eight Grade es la revisión de este clásico sobre la adolescencia adaptado a la temprana inmersión de los niños en la tecnología y las redes sociales (el propio director lo narra haciendo un cameo en el centro comercial). Kayla es una Dawn Wiener, acomplejada, perseguida o aislada en este mundo donde el móvil se ha convertido en el mejor amigo de un niño, aterrorizada porque piensa que jamás encajará, y que se desvive por hacerlo hasta el punto de dejar de ser una misma para querer ser lo que otros desean de ella (analogía directa entre la «violación» de Brandon y la escena del coche)

Muy recomendable si queréis recapacitar sobre en qué se están convirtiendo nuestros niños. Pero si sois más de Vengadores, no es vuestro tipo de cine.

Saludos y cuidaos mucho.

Manuel C. 

Escena de Bienvenidos a la casa de muñecas, con Heather Matarazzo y Brendan Sexton Jr.

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