El hombre que vendió el mundo

«Nuestro gran tormento en la vida proviene de que estamos solos y todos nuestros actos y esfuerzos tienden a huir de esa soledad.»

-Guy de Maupassant-

«The man who sold the world» fue el tercer disco de Bowie, publicado en 1970 en Estados Unidos y en abril del 71 en las islas. Las malas lenguas dicen que no escribió ninguna de las canciones, que su productor y bajista Tony Visconti (ya oímos hablar de él como descubridor de los T.Rex) y el guitarrista Mick Ronson se encerraron en su sótano a componer y Bowie se limitaba a bajar de vez en cuando para decir si le gustaba la canción o no, demasiado preocupado por su reciente matrimonio con Angie Barnett. Bowie lo desmentiría muchas veces, pero lo cierto es que suena más metalero que el resto de su discografía, no lejos de los sonidos de Zeppelin o Sabbath en esos años.

Por extraño que nos pueda parecer en estos días, ninguna canción del disco se sacó como single ni despuntó, y sólo fue a raíz de la versión que Nirvana realizó para su MTV Unplugged in NY en 1994 cuando «El hombre que vendió el mundo» volvió a situarse en los recopilatorios del Duque Blanco, incluso él mismo realizó algunos cambios en sus directos para hacerla más oscura, al estilo de la banda de Kobain. Sin embargo, esta canción ha tenido mucho más recorrido. 

Tras Bowie, la primera versión sólo tardó cuatro años en llegar. La británica Lulú, cantante escocesa  de amplio recorrido por la canción y la televisión británica, conocida por sus éxitos juveniles, por haberse casado con Maurice Gibb y por ganar la Eurovisión de 1969 celebrada en Madrid junto a otros tres países, incluido el «Vivo cantando» de Salomé, añadió otro éxito a su palmarés en 1974 con producción del propio Bowie, que además interpreta el saxofón. Si la original de Bowie es la versión «serena», la de Lulú se puede considerar la «ye-ye», víctima de su tiempo. No obstante, fue un éxito en todas las radiofórmulas.

El siguiente en lanzarse a la aventura de mejorar este clásico fue el también escocés Midge Ure en 1982. Otro que intentó llevarse el sonido a su época, y llenó el tema de sintetizadores estridentes que le daban un tono completamente diferente a la canción. El éxito de Midge Ure fue relativo, pero volvió a salir del montón de discos en 2015, cuando la usaron para los títulos de crédito del videojuego Metal Gear Solid V: The Phantom Pain. A esta versión la podemos etiquetar de «New Wave Disquetero-Ochentera» sin rubor ajeno…

Y llegó su consolidación como clásico. En el 94 Nirvana quiso darle un tono más serio a su música, acusados de ser unos chicos de barrio que pegaban gritos y todas sus canciones sonaban igual. Y sí, tengo que reconocer que la primera vez que escuché el Nevermind, pensé eso. Con las sucesivas reproducciones y con el «Heart Shapped Box» cambié de opinión. 

A finales de los 90, la cadena televisiva musical MTV retomó la grabación de conciertos acústicos, dando la oportunidad a grupos en auge y otros consolidados para versionar sus propias canciones o las de otros en ambientes más íntimos, donde la calidad de las voces y el uso de nuevos instrumentos le dieran un plus a la canción. Nirvana había pasado ya el bombazo del «Smells like teen spirit» y con esta actuación, grabada muy poco antes del suicidio de Kurt Cobain, se convirtió en legendaria. Había muchos temas magníficos en la grabación, pero «The man who sold the world» provocó que el mismo Bowie se replanteara su interpretación de la misma, como confesó en público. 

La muerte del cantante convirtió este disco en una leyenda, un objeto de culto, y la MTV le sacó todo el rédito que pudo antes de que la Nirvanamanía se desvaneciera con la irrupción de nuevos grupos a la estela de los de Seattle. De hecho, cuando a alguien le preguntan por la autoría de «The man who sold the world«, la mayor parte piensan en Nirvana, al igual que le ocurrió a Prince con «Nothing compares 2 U«, situada en el mapa por la desgarradora voz de la polémica Sinead O’Connor. 

 

Nirvana había puesto el listón muy alto, demasiado para que otros intentarán darle un nuevo enfoque, así que fue el propio Bowie quien se lanzó a reversionar su tema entre los años 95 y 98, dándole más profundidad al bajo y oscureciendo el tono y la letra hasta convertirlo en una confesión, una canción que, por momentos, suena incluso diferente a la original. 

Tuvieron que pasar siete años desde la versión de Nirvana para que otro grupo se atreviera. Y los osados concursantes fueron un grupo muy consolidado en la escena internacional. Los Simple Minds la incluyeron en su disco de 2001 «Neon lights». Sin embargo, los creadores de «Don’t you (forget about me)«, «Mandela Day» o «Alive and kicking» no aportaron nada nuevo al tema, que suena muy muy similar al original de Bowie del 70, hasta el punto de imitar el color de su voz.

La imitación no era el camino. Era un reto imposible de igualar. El siguiente intento vino en uno de esos discos homenaje que de vez en cuando unen a varios grupos para rendir tributo a quien se quiere recuperar. Los franceses Cocosuma, que tocaban música electrónica, hicieron su particular versión en el disco de 2007 Bowie Mania. Es sencillamente sorprendente, de un tono casual, casi naif, como de anuncio de colonia, desustanciado en esencia, pero poderoso en sugerencia. Hay que escucharlo para comprenderlo.

Y la última versión reconocida hasta ahora es la de la catalana Silvia Pérez Cruz, que en el año 2014 sacó un disco de versiones acompañada por  Raül Fernández Miró titulado Granada, donde hace un ejercicio de estilo sublime, adaptando la letra a su voz, prescindiendo casi de la instrumentación, con un sonido entre lo íntimo y los mono de los primeros 60, una pequeña joya que descubrí mientras buscaba información para este artículo. Imprescindible.

Otro día os hablaré de qué va «The man who sold the world«. O quizá escriba una tesina, por que el tema, lo da.

Saludos

Manuel C.

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