La Cosa del Pantano

Jamás comprendí la cancelación de esta serie. Llevábamos años escuchando hablar del proyecto, de diversos nombres, algunos de ellos realmente interesantes por lo que podían aportar a uno de los personajes de cómic más interesantes de los últimos tiempos. Al final consiguieron que Len Wiseman se involucrara en el proyecto dirigiendo el primer capítulo sobre el guión de Verheiden y Dauberman. Consiguieron un buen piloto, en el que nos muestran el universo propio del pueblecito de Marais, donde el pantano es misterio y fuente de ingresos, terminando con la creación del monstruo y, una semana después de estrenarse, se canceló.

Tiempo después se filtró que el motivo de esta cancelación no era la recepción del público o la calidad de la serie, sino un problema de ingeniería financiera relacionado con el sobrecosto de la producción y una mala aplicación de los impuestos de rodaje (sin mencionar que WarnerMedia no había confiado en el proyecto desde el principio, no incluyendo esta serie en el mismo universo ficticio que sus otras series)..

Y es realmente una pena, porque la serie merecía una revisión e incluso una segunda temporada tras el descubrimiento final. Si has leído The Swamp Thing alguna vez no te descubro nada. Y si no es así, ¿a qué esperas? Para los neófitos en el cómic, La Cosa del Pantano es una historia de mutaciones, pero no de las chulas de X-Men con rayos láser, hipervelocidad o factores de curación, no. Mutaciones de las chungas, de las que dejan sin memoria y provocan que tu cuerpo se ramifique hasta atravesar cuerpos de forma descontrolada.

En un pueblo cajun de Louisiana llamado Marais, comienza a extenderse una epidemia (en estos días no paramos, ¿a qué ahora las entendemos mejor?) por la que  los habitantes enferman de un extraño virus ¿vegetal? El gobierno envía al CDC para detener al virus, y a Marais regresa la doctora Abby Arcane, natal del pueblo, al que abandonó tras la desaparición en el río de su mejor amiga. También está en el pueblo el investigador Alec Holland, contratado por Avery Sunderland, el cacique local, para averiguar que ocurre con un raro acelerador de mutágenos que alguien está vertiendo en el pantano. Los espectadores ya sabemos desde la primera escena que en ese pantano las plantas tienen vida y matan a los seres humanos, pero Abby y Alec inician una investigación común y el comienzo de un romance, hasta que una noche, mientras busca las pruebas que demuestren que es Sunderland el que está vertiendo el acelerador y por tanto es el responsable del virus, Alec es disparado en medio del pantano, y su cuerpo cae al agua de donde sale convertido en una criatura monstruosa de aspecto vegetal.

El resto de la temporada nos invita a descubrir en qué se ha convertido Holland, y que secretos oculta el resto de la población de Marais, empezando por el cacique Avery Sunderland (Will Patton, el coronel Weaver de Falling Skies) y su mujer María (una recuperada Virginia Madsen), padres además de la mejor amiga de Abby, quizá la primera víctima de un pantano que recuerda y es un personaje más. Los secundarios son los auténticos protagonistas de la serie, como los policías Lucilia y Matt Cable, madre e hijo, que navegan en un precario equilibrio entre el deber y la voluntad; o Jason Woodrue (Kevin Durand, nuestro desinsectador favorito de The Strain), el científico que antes comprende las posibilidades del mutágeno con la intención de salvar a su esposa del Alzheimer. ¿Y cómo no? Ese Ian Ziering, extra de Hollywood obligado a permanecer en el pueblo por un trato demoníaco que le ata a un personaje de cómic, el Diablo Azul, en la trama más Creepshowiana de toda la serie. Sin olvidarnos de la farmacéutica de turno, verdadero motor de intereses que convierte la serie en una variante del tecno-thriller del que hablábamos ayer.

Cosas positivas. Es una buena serie. Tiene un buen guión. No cojea. Es un enorme puzzle que se va resolviendo conforme encajamos algunas piezas y vemos en qué lugar del tablero está cada personaje y sus motivaciones. Tiene sus giros, como ese complot cesárico del final, pero en líneas generales es bastante digerible como entretenimiento. Además rescata un personaje atormentado al que le dan por todas partes, cuando él sólo quiere que le dejen solo con su propio tormento de ser una aberración en un mundo apartado, y esos personajes adustos, huraños, omnipotentes en su medio, me encantan.

Cosas negativas. El maquillaje. La caracterización de Derek Mears (el primo de Mr.Proper) como monstruo está lograda, pero sigue teniendo un deje de «hombre dentro de un disfraz» que una criatura como Swamp Thing no termina de encajar. Es un ser hecho de plantas y vegetación, tiene que ser proteico, multiforme, desigual, y en cambio es un corsé. Sí, los efectos especiales están bien cuando la naturaleza se desarrolla libremente, pero por eso mismo, en las escenas de autopsias todavía canta más esa sensación de hombre disfrazado.

Recomendable (si no, no la analizaría).

Saludos y buena cuarentena.

Manuel

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