La elegancia de Robert Palmer

«Nunca hay que confundir la elegancia con el elitismo.»

Yves Saint Laurent

Uno de los mejores programas, de los únicos que se pueden ver en realidad, de la televisión, es el Cachitos de Hierro y Cromo presentado por Virginia Díaz. Para quien no conozca este veterano formato, no es más que un potpurrí de actuaciones musicales del archivo de RTVE con una temática común por programa, aderezado por unos subtítulos que, junto a las introducciones de la presentadora, son la verdadera salsa de este musical, además de obligarnos a cantar o tararear, que no todos sabemos idiomas, esos clásicos de hace veinte, treinta o cincuenta años.

Anoche me tragué un especial de tres horas, y volví a recordar a uno de esos cantantes que, si la muerte no les hubiera sorprendido a una edad relativamente joven, ahora aparecería en cada Nochevieja recuperando sus viejos éxitos, y quizá obtenido el reconocimiento que no se le otorgó en vida, como le sucedió a otro ilustre al que ya di pábulo hace unas semanas, Marc Bolan. Estoy hablando, obviamente, del británico Robert Palmer.

A Robert Palmer lo conocí, como a tantos otros, a través de un programa musical que emitieron a finales de los 80 en La 2 llamado Videomix. Quizá el videoclip os suene. Palmer en medio de la pantalla, con su sempiterno traje y corbata, rodeado de una docena de mujeres hermosas que le hacen los coros mientras se contonean de forma provocativa. Ese videoclip hoy en día estaría censurado por cosificación de la mujer (aunque parece ser que los reggetoneros/electrolatinos/chumbachumba de autotune sí se pueden saltar esos filtros) pero más allá de lo que un tierno infante de doce años podía ver de atractivo en el videoclip, el tema me pareció enorme por la potencia de su guitarra, el estribillo pegadizo y la presencia de este genial cantante, poco acostumbrado a ver tanta energía dentro de un traje.

El Simply irresistible no era su primer éxito. Se publicó ese 1989 en el album Heavy Nova. Ni siquiera el motivo del videoclip era inédito. Ya había jugado a la provocación con el tema que le había consolidado en la escena internacional, el primer sencillo de su disco Riptide (1985) titulado Addicted to love. En él, Palmer aparecía rodeado por una banda de chicas jóvenes tocando los instrumentos. El video, dirigido por Terence Donovan, fue parodiado hasta la saciedad, incluida la desternillante que aparecía en Love Actually, donde el personaje de Bill Nighy, que interpreta a una vieja estrella del rock que está haciendo una versión navideña del Love is all around de Wet wet wet, se desata por completo.

Pero la carrera de este polifacético cantante tampoco había arrancado con el Addicted to love. Tras pasar por varias bandas que mezclaban el jazz, el soul y el blues, un Robert Palmer de 25 años y su estilo más o menos definido, firmó su primer disco en solitario, de escaso éxito, aunque bien posicionado en listas. En los siguientes discos comenzó a fusionar el reggae con el rock, pero viendo que su carrera no avanzaba, se fue a vivir a las Bahamas con su esposa. Allí produjo y publicó en 1978 el disco que le situaría en el mundo. Además de una versión sincopada del You really got me de los Kinks, el tema estrella del Double Fun fue Every kinda people, una canción deliciosa, entrañable, versionada mil veces por su carácter afable y mensaje buenrrollista, con instrumentos caribeños y violines.

La inquietud artística de Palmer le llevó a cambiar de forma muy gráfica su estilo musical, ahondando en el rock que culminaría en el Addicted to love y el Simply Irresistible. El album Secrets (1979) le dio su segundo Top 20 en el Billboard con la versión del clásico de Moon Martin Bad case of loving you (doctor doctor). Su carrera había despegado y su nombre se hizo popular.

Pero el tema que le consagró se lo apropió una marca de coches, concretamente Renault. En el año 80 Palmer publicó Clues, donde estaba incluido el tema Johnny and Mary. Excepto en España, donde llegó al número 1, en el resto del mundo tuvo buena acogida pero sin llegar a ser un superventas. Su éxito posterior vino por Renault, que decidió que varios jingles y versiones de esta canción fueran la banda sonora de todos sus anuncios en los años 80 y comienzos de los 90. El poder de la publicidad convirtió este clásico de Palmer en un fondo de armario que nos evoca otra época.

Luego llegarían los éxitos de Addicted to love y Simply irresistible, cultivando su imagen de galán pero siempre arriesgando, como la colaboración que hizo con el grupo de reggae UB40, haciendo versiones del blues, el soul y el jazz y participando activamente con otros grupos con propuestas interesantes, hasta que en septiembre de 2003 sufrió un infarto que le llevó a la tumba en Lugano, ciudad donde residía desde finales de los 80.

Os dejo algunas de sus mejores canciones. 

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