La voz de Drácula

«Una vez más, bienvenido a mi casa. Ven libremente, sal con seguridad; deja algo de la felicidad que traes». 

O la voz de Fred Saberhagen, que quiere parecerse, pero no le sale.

He elegido de forma deliberada la portada anglosajona de esta novela publicada en 1991, ya que el título original, «La cinta de Drácula», es una metáfora mas acertada de este engendro, y no, no me refiero al vampiro.

Y es que esta pseudobiografía tiene un gran fallo. Desde el punto de partida-los descendientes de Jonathan Harker y Mina Murray en el mundo actual se quedan encerrados en un coche y reciben la visita del Conde Drácula, vivo, que ante la huida de los humanos, descubre una grabadora y nos cuenta su versión de la historia de Stoker- al final ********spoiler*******….que no contaré, tiene un aroma a parodia que, si la hubiera desarrollado al modo de un Jovencito Frankenstein, quizá hubiera podido quedar un buen libro, pero como intenta que le tomemos en serio, sólo consigue sacarnos alguna sonrisa de vergüenza ajena.

Bram Stoker, autor de Drácula (1897)

«La voz de Drácula» se queda en un quiero y no puedo. Toda la novela es una reescritura del original desde la única voz que no aparece en la obra del irlandés, la del vampiro. Saberhagen nos muestra el diario de Drácula, sin más puntos de vista, y lo llena de excusas, malentendidos, escenas ambiguas, explicaciones que atentan contra la inteligencia y todo un catálogo de plagios que hacen sonrojar al lector mínimamente familiarizado con su historia. Y esto es así por su indefinición, ni es una parodia ni es un drama ni una obra de horror. No tiene género porque no se atreve a apostar por ninguno.

Conforme la estaba leyendo me recordaba a una sitcom cualquiera, uno de esos capítulos en los que parece que uno de los protagonistas está haciendo algo malo, como robar comida de la nevera o saquear los cajones del vecino, y al final, cuando es descubierto, resulta que todo era una cadena de malentendidos, que en realidad llevaba comida al vecino porque estaba enfermo, y las bolsas que sacaba de su casa eran la basura. Según la versión de Saberhagen, Drácula sería ese protagonista, y los cazadores de vampiros los amigos inquisidores que malinterpretan los buenos actos del vampiro.

Personalmente creo que esta novela resultaría más potable -de beber, no de vomitar- si tuviera una versión sonora, o incluso una película, un formato en el que los diálogos y las excusas tuvieran matices, esa doble intencionalidad tan necesaria cuando estas ironizando sobre un texto tan conocido, sin tener que recurrir de forma constante al uso de comillas. Tengo la firme convicción de que el autor pretendía hacer una parodia -espero, por su bien- pero la traducción, o su falta de pericia, nos han dejado un esperpento que no aporta absolutamente nada a la mitología vampírica.

Que no la disfrutéis.

Saludos

Manuel C.

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