Lo que no es

Siempre me repito: «esta es la última, no más», pero vuelvo a caer.

Me encanta editar. A veces bromeo y digo que escribo para poder editar y publicar. Lo digo en tono falsario, ese doble sentido tan habitual en mí, pero en realidad puede ser así. Sin embargo, hay algo erróneo en ese concepto. Cada vez me cuesta más poner una canción de fondo a esa letra perdida en el fondo de mi memoria. Me hago viejo, lo noto. No es cuestión de edad, sino de templanza. Carezco de paciencia, me enardecen los errores propios y me encolerizan los ajenos.

En estos momentos, como casi siempre, mi faceta de autor / editor / distribuidor / vendedor coexiste entre varias obras. Como cada hijo literario, la posibilidad de reencontrarme con viejos amigos que me han pedido un ejemplar, de compartir un café, de hablar de los viejos tiempos, de dar esperanza a la ingenuidad y alas a la nostalgia es un aliciente que no me puedo permitir rechazar. Incluso en estos tiempos de pandemia, de miedo, de aquelarres prohibidos, de contar metros de separación, olvidarnos de besos y abrazos y mirarnos a los ojos asomados por encimas de las mascarillas, sigo necesitando el contacto de los lectores para perpetuarme al otro lado de la pantalla inventando historias y recopilando mis neurosis.

Por otra parte este alma vieja se rebela. Me dice que está cansada, desmotivada, harta de esperas, desprecios y desavenencias, de buenas caras a malos gestos, de sinsentidos que pasan por mi vida sin aportar nada, ni positivo, ni negativo. Lo que no es, lo que no se siente, lo que no existe no puede afectarte, pero deja semillas de tristeza donde sólo tendría que haber indiferencia.

Por eso ahora, cuando sigo navegando entre lobos antiguos, medievales, psicópatas del siglo XVI, literatura gótica llena de mujeres lobas perversas y anonadados e ingenuos viajantes, de evisceraciones, transformaciones y amores imposibles adolescentes, necesito un respiro y replantearme para qué COÑO hago esto. ¿Es necesario un libro más sobre hombres lobo? ¿Mejora la existencia de alguien leer una novela sobre un grupo de chicos con la ilusión de convertirse en músicos? ¿Existe un mensaje más allá de la lectura superficial? En definitiva, ¿merece la pena?

Lo que es y lo que no es. El ser humano es optimista por naturaleza. Crea para darle un sentido a su vida, para trascender de alguna manera, ya sea a través de sus hijos, de sus obras, de la huella que deja en los suyos. Y quien no crea de alguna manera, libera esa energía creativa en forma de actividades que le llenen, que le hagan pensar que es necesario seguir adelante. Pero llega un momento en el que no es posible seguir. Hay que detenerse y mirar atrás. Es entonces cuando advertimos que todo aquello que creíamos importante no es sino una estupidez, una tontería, un engaño autocomplaciente, el placebo de un dios que ni siquiera sabe jugar a los dados con nosotros.

Son malos tiempos para la lírica, siempre lo han sido. Pero no hay que interpretarlo de forma literal. Sólo hay que mirar hacia el interior y no dejarse engañar por el espejo de lo que pretendemos ser.

 

Admin Escrito por:

Un comentario

  1. Julia
    26 diciembre 2020
    Responder

    Manuel, ánimos con los vaivenes de la vida literaria, filosófica y social. Me alegra que te plantees esas preguntas, entiendo que ayudan a la creación artística y vital. En lo que a mí me afecta sí causas impacto literario. Me siento afortunada por compartir tus libros. Deseo que siga fluyendo tu arte mientras te plazca. Que la musa te acompañe por largos y provechosos años venideros.

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