«Los Japón», una comedia desgraciada

Escribir una comedia ayuda a poner las cosas en perspectiva. El mundo ha ido de tragedia en tragedia, de horror en horror, pero los seres humanos seguimos existiendo, enamorándonos y hallando alegría en la vida.”

Paul Auster

Es relativamente conocida la Embajada Keicho, el viaje que emprendió por todo el mundo el samurai Hasekura Tsunenaga entre 1613 y 1620 en misión diplomática para reforzar los lazos entre el Japón feudal y la monarquía de Felipe III y otras potencias occidentales. Comercialmente el viaje fue un fracaso. Japón estaba aislándose internacionalmente y los reyes europeos no quisieron firmar acuerdo alguno con una nación que estaba expulsando a los misioneros cristianos de sus territorios. Este hecho podría haber quedado como una mera anécdota histórica, pero parece ser que algunos miembros de la expedición, ya de vuelta, decidieron abandonarla y quedarse a vivir en algunas localidades cercanas a Sevilla como Espartinas o Coria del Río. Precisamente fue en esta última ciudad donde hizo un alto el emperador Naruhito en su visita del 2013, en reconocimiento a la colonia japonesa establecida y donde existe una estatua dedicada a Tsunenaga donada por la ciudad de Sendai. Casualmente hay numerosos habitantes de Coria que se apellidan Japón (las grafías niponas eran intraducibles al castellano), y el mismo árbitro sevillano de fútbol José Japón Sevilla fue designado cónsul honorario de Japón en Sevilla.

Estas relaciones tan estrechas entre la capital andaluza y el Sol Naciente parece que encendieron la luz de algún guionista, que con el pretexto de conseguir financiación nipona y alargar la racha de comedias que se inició con la francesa «Bienvenidos al Norte» (2008) y aquí secundó «Ocho apellidos vascos» (2014) sobre el choque cómico de culturas, se decidió a escribir esta película infumable, sin argumento, sin gracia, sin chistes que merezcan más allá de un emoticono de perplejidad indignada, sin nada más simpático que esperar a que se termine de una vez.

Si queréis saber más sobre la Embajada Keicho, pinchad en el enlace de abajo. Si queréis seguir leyendo la marciana trama de Los Japón, sacad vuestra mejor sonrisa.

Dani Rovira y María León son un matrimonio que vive en Coria del Río. Él trabaja en la fábrica de coches japonesa de la localidad y además es sindicalista, dos características que sirven al guión para intentar dotar de trasfondo a este sindiós. Tienen dos hijos; una hija mayor que tiene un novio con claras deficiencias de personalidad; y un adolescente arquetípico cuya presencia obviaré. También convive con ellos el padre de ella, un jeta de los de toda la vida. Completan el reparto la pareja de amigos que regentan un bar, condición indispensable en cualquier película o serie de este subgénero. 

Pues bien, ante la muerte del emperador de Japón sin heredero varón, una embajada imperial viene a Coria del Río a entregar el trono al legítimo descendiente de emperador, que no es otro que el personaje de Dani Rovira, apellidado Japón. Y ahí aprovechan para meter la historia de Hasekura. ¿Cómo os quedáis? Fue en ese punto cuando me quedé dormido. Tuve que retomar la película varios días después, cuando Rovira anunció que tenía linfoma de Hodgkins, y quise darle otra oportunidad, pero no, esta película no la merece.

Tras el asedio por parte del embajador japonés para que acepte el puesto (Rovira es republicano y ateo, y no quiere ser emperador), la película comienza una segunda curva descendente hasta el infierno del sopor, chistes malos, tópicos mil veces reproducidos sobre Japón y lo oriental, que llegan al clímax cuando la familia entera viaja a su nuevo país. Podía contaros todos los catetismos que se reproducen en la película, pero os ahorraré el mal trago. Es realmente indigesto. Que si chistes de palillos, de los chorritos de los baños, de las huelgas a la japonesa, de un samurai que quiere convertir al niño en ninja (sic), un intento de asesinato con estrellas ninja… Un auténtico cúmulo de despropósitos que sólo mitiga la intención de denunciar los anacronismos de una sociedad como la nipona, en aspectos tales como el segundo plano que ocupa la mujer. Pero eso no puede salvarla.

En fin, Podía ser más comedido pero… no la veáis. No perdáis el tiempo. Aunque penséis que en estos días os sobra, eso no es cierto. Leed, ved películas o series inteligentes, jugad a las cartas con la familia, escribid en un blog, duchaos cuatro veces al día, preparad pasteles, pero no perdáis el tiempo con esto, por favor.

Saludos

Manuel C.

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