No mires más lo que has hecho

Había una canción de Oasis que decía algo así como no mires al pasado con enfado, Don’t look back in anger. Algo parecido le pasa a Berto Romero y su ejercicio de metaficción llamado Mira lo que has hecho.

El pasado jueves se emitió la tercera y última temporada de esta serie que sigue en parte ese ejercicio de onanismo mediático de otras míticas series como «¿Qué fue de Jorge Sanz?, la excelente «El fin de la comedia» con Ignatius Farray o incluso la propia «Paquita Salas» en cuanto al juego de introducir personajes reales haciendo de sí mismos.

Si en la primera temporada la hilaridad estaba asegurada por la plena identificación de cualquier espectador que haya pasado por la pesadilla de ser un padre primerizo, la segunda perdió esa frescura con la trinidad serie / ficción / más allá de la ficción. Así que ya no quedaba nada que enseñar en esta tercera temporada, donde Berto decide caer a sus propios infiernos y dar excusas antes de cometer el crimen poniendo en exposición uno de los grandes problemas del humor hoy en día, el colectivo de los «ofendiditos«. 

Todo es susceptible de herir la sensibilidad de alguien, y lo que antes era considerado una broma, ahora se puede convertir en una caza de brujas dependiendo de quién sea el motivo de burla y, sobre todo, del autor de la misma. A nadie se le escapa que los mismos pedos graciosos de unos humoristas son los asquerosos detritus de otros menos agraciados con los medios. Y en buena parte de sus seis capítulos Berto trata de llevarnos a ese terreno, al del «humor según se mire», introduciendo algunas tramas secundarias para involucrar a su esposa en la metaficción Eva Ugarte como la de la estafa piramidal de los zumos, y olvidándose casi por completo de los hijos al punto de que la única pregunta que formula es si ven demasiada televisión.

Esta temporada me ha dejado frío. Ni ha conseguido arrancarme carcajadas ni me ha aburrido. Me ha parecido un espectáculo autocontemplativo, aleve, sin poso, sin fuerza. Se deja ver, pero no arrastra. Y pierde claramente en contraste a la legendaria primera temporada, por supuesto.

Saludos

Manuel

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