Noche de miedo (1985)

Esta mañana mi amigo Omar me ha recordado esta maravillosa película de Tom Holland, versionada en el 2011 con el malogrado Anton Yelchin como Charley Brewster y Colin Farrell como su inquietante y vampírico vecino. Pero ninguna tiene la capacidad de evocación de la original. Vista hoy en día es delirante, con escenas que no han perdido su capacidad de infundir el miedo, y otras que son caspa pura, pero no todo es culpa suya, los 80 eran así.

Williams Ragsdale es el típico joven que se pasa todo el día viendo películas de terror, especialmente las que se emiten dentro del programa «Fright Night», presentado por el cazavampiros Peter Vincent (extraído de Peter Cushing y Vincent Price, un Roddy McDowall en estado de gracia). Una noche cree ver a través de la ventana como su nuevo vecino mete un ataúd en su casa, y al día siguiente cómo muerde en el cuello a una mujer. Convencido de que es un vampiro, se lo cuenta a su madre, a su novia Amy y a su amigo el Rata, pero nadie le cree. El vecino, Jerry Dandridge (Chris Sarandon en uno de los pocos papeles salvables de su carrera) descubre que Charley conoce su secreto, e intenta matarlo. Abandonado por todos, Charley recurre a un auténtico especialista, el famoso cazavampiros Peter Vincent. Pero el viejo actor, al que acaban de cerrar el programa, no quiere saber nada de vampiros. El resto de la película es un juego del gato y el ratón entre los dos improvisados cazadores y el despiadado vampiro, que no dudará en usar todas sus armas para acabar con sus enemigos.

Escenas memorables son la de la seducción del vampiro sobre Amy, la escena de la discoteca, donde las miraditas de Sarandon no se recordaban desde el más magnético Bela Lugosi. Hoy en día son un de un frikismo exacerbado, pero las risas están garantizadas. O la visita de Ed el Rata a Peter Vincent, con una dentadura demencial y un aire a la Hammer que tiraba hacia atrás.

O, por supuesto, la visita «de compromiso» que los dos cazavampiros realizan a Dandridge, con un Peter Vincent insistiendo en que el agua no es bendita, que es sólo un paripé para que Charley se quede tranquilo ante la mirada asesina de Chris Sarandon; la escena donde Charley afirma que está tranquilo porque un vampiro sólo puede entrar a casa si es invitado, justo antes de que su madre le invite a pasar siempre que quiera…

Pero las mejores escenas son las de transformaciones. La de Ed de licántropo a humano, o lo que fuera antes de ser mordido; la de Amy con unas mandíbulas sacadas de Tiburón o las múltiples que desarrolla Sarandon al final de la película, pasando por todas las iconografías del clásico.

Sin duda alguna, una película que merece una nueva revisión.

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