Sex Education

«El sexo es lo más divertido que se puede hacer sin reír»

Woody Allen

He contratado una ampliación del tráfico de la web ante la avalancha de lecturas que va a tener esta entrada al incluir, de forma plenamente intencionada, la palabra sexo. Sí, sexo. Eso que sigue vendiendo más que dinero, éxito, felicidad, CR7 o Kinder Bueno. No soy el único. Esta producción británica, que no deja de ser otra comedia romántica de adolescentes, practica el mismo discurso.

Y quizá por eso sea tan adictiva. ¿A quién no le gustan las comedias románticas? Chico raro está colado por chica guay, amor imposible. Pero poco a poco, merced a esos pequeños detalles, gestos, miradas, actos desinteresados, Deus ex Machina, guionistas locos, escenas de felaciones, ménage à trois, masturbaciones en grupo, misioneros, cowboys, fiestas alcohólicas y donaciones orteguianas, la chica comienza a ver que es el mejor hombre con el que puede estar. Por supuesto que antes deben pasar la consabida crisis de la mentirijilla con la que todas estas relaciones comienzan (fue por una apuesta / en realidad le gusta su hermana / le han pagado por salir  con él, etc….), confusión provocada y acelerada por amigos interesados, padres, acosadores y todo una caterva de secundarios que pululan por este atípico instituto de una ciudad mediana británica.

Nuestros protagonistas son el atolondrado Otis (Asa Butterfiel, el protagonista del Juego de Ender, 2013), inexperto en amores y sexualidades, y la brillante pero excéntrica «chica mala» Maeve (Emma Mackey, inédita por estos lares). La madre de Otis (Gillian Anderson, muy lejana ya la agente Scully) es terapeuta sexual y pasa consulta en casa, y su pánfilo hijo, que se sabe muy bien la teoría, de pronto se ve impelido a actuar como consejero de sus compañeros de clase. Maeve ve la oportunidad y le propone montar una consulta ante las numerosas y peregrinas dudas de los adolescentes británicos, aquí retratados como unos faunos y ninfas cuya única misión en la vida es probar todas las parafilias posibles antes de los 18 (y profesores, por supuesto). A partir de ahí ya tenemos la comedia montada, siendo cada capítulo movido por una de esas dudas (cómo se pone una lavativa para el sexo anal? es normal masturbarse 12 veces en un día?) y las propias vicisitudes en la relación de Otis y Maeve.

Pero como en cualquier comedia romántica, la clave está en los secundarios. Tenemos los contrapuntos cómicos; como Eric, el mejor amigo de Otis, homosexual y futuro influencer en «Los juegos del hambre»; Aimee, la mejor amiga de Maeve y estandarte de la liberación sexual; Adam, el matón de la escuela, con una profunda evolución interior (que no exterior) a lo largo de las dos primeras temporadas; o Jackson, el atleta, y principal antagonista de Otis por el amor de Maeve. Pero la serie está llena de ellos. El capítulo/tema nos los va presentando de forma paulatina, y aunque algunos caen en el cliché, y no digamos el alto promedio de parejas homosexuales dentro del grupo (los de VOX pensarán que están incitando a la juventud), lo cierto es que una serie agradable de ver, que revela el sexo como algo natural y no como un acontecimiento destinado al oscurantismo y que, en ocasiones, es realmente brillante, fiel seguidora de ese humor británico que te arranca carcajadas sin necesidad de tener que contarte un chiste.

Netflix tiene la dos primeras temporadas en el catálogo. Si queréis pasar un buen rato, y preguntaros si todos los adolescentes del mundo son así ahora (y lo tontos que éramos nosotros de pequeños), no os la podéis perder.

Saludos

Manuel C.

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