The Witcher

Una guerra sin caballería y caballerosidad habrá de dar en asesinato común y corriente      –Andrzej Sapkowski

Lo reconozco. La adaptación a la pequeña pantalla de las desventuras de Geralt de Rivia lleva ya unos meses circulando, pero como algunos ya sabéis, la paternidad, el hogar y el trabajo no son compatibles con el visionado de las series en pareja, máxime cuando cada capítulo es una película en sí mismo y el grado de disociación entre ellos es similar al de una película de Creepshow.

Voy a reconocer más cosas. Jamás he sido muy fan del brujo polaco. Ni muy fan, ni poco. La verdad es que nunca me ha gustado más allá de la curiosidad innata de leerme un par de libros allá cuando se publicaron en castellano, a principios de los años 90, en una época en la que devoraba todo lo que oliera a fantasía épica, como Tolkien, Reinos Olvidados, la Dragonlance… Siempre lo he achacado al paradigma cultural. Los monstruos que vence Geralt no son occidentales, son monstruos eslavos. Me costaba mucho imaginármelos. Yo estaba muy cómodo con mis dragones, trolls y duendes para pensar en qué co*******ño era una estrige. Tampoco me entusiasmó el formato cuentos cortos de las primeras obras. Estaba acostumbrado a novelas cuyas tramas se resolvían en otras obras, y mi velocidad de lectura provocaba que las olvidara antes de esperar más carnaza. 

Por eso, cuando trataron de venderme The Witcher como la nueva Juego de Tronos, lancé un par de silbidos de descreimiento. Sabía que el personaje se había vuelto muy popular por los videojuegos, pero como buen adicto a los Reinos Olvidados, seres oscuros de pelo plateado, paladín de dos espadas, maestro sin igual y denostado por todos, sólo había uno, y su nombre era Drizzt do’Urden, anterior en fecha y molonería al de Rivia. Por cierto, ojalá adaptarán los Reinos Olvidados, ahora que está tan de moda el medievalismo fantástico.

Lo cierto es que no me ha decepcionado. Me parece una serie complicada de seguir por los saltos temporales, la estrategia diplomática sin un bagaje previo (quién son los nilfgaardianos y por qué pelean contra la reina Calanthe de Cintra? cuál es la misión de los magos y hechiceros?) y la desconexión entre capítulos, pero por eso mismo te exige cierto grado de implicación que la hace más aprovechable. Como cualquier serie moderna, monta un puzzle que el espectador debe desentrañar con las pistas que deja cada capítulo y con su propia imaginación, con el riesgo de montarte una película que no tiene nada que ver con el resultado final.

Me estaré haciendo viejo, pero hay demasiados desnudos gratuitos, al nivel de «Yo hice a Roque III» o «Los Bingueros». Supongo que es el tirón mediático de Juego de Tronos, otra serie en la que enseñan por enseñar, pero en estos tiempos en los que tienes que ir apartando las tetas de cada web que entras (de las autorizadas a menores, malpensados), ir mostrando orgías para rellenar un par de diálogos de fondo me parece innecesario.

Cosas que me han gustado: La oscuridad del protagonista. Recordaba a Geralt como un marginado matamonstruos resuelveproblemas al que siempre acaban echando a patadas, y aún así persiste en meterse en asuntos para los que no le reclaman. Y creo que la serie mantiene esa esencia de ser extraño a todos. También me han gustado los monstruos. Tan ajenos a mí como los recordaba, pero no por eso menos discretos.

Aspectos que no me han convencido. La trama política. Creo que para una serie de ocho capítulos, un mundo tan fragmentado, y unas nociones tan sucintas como te dan al principio, sólo puede llevar a confusión hasta que enteras quién es cada uno y a dónde quiere llegar. Tampoco me ha entusiasmado Jaskier. Comprendo que es el contrapunto cómico, el Jar Jar Binks al que despellejar, pero me parece cargante y fuera de lugar en la mayor parte de las ocasiones que aparece.

¿La recomiendo? Sí, se puede ver. Si te apasiona la fantasía épica, las luchas, los desnudos al ritmo de los tambores y sientes nostalgia de un mundo en el que no existían los virus, o al menos no nos importaban nada.

Cuidaos. Os dejo con lo único bueno de Jaskier, la canción que le dedida a Geralt de Rivia. Ojo, es pegadiza.

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